Actuar practicando o quizá no.

   

 

Todos sabemos que los actores se preparan. Es una profesión como cualquier otra. No solo un hobbie. Lleva tiempos de ensayos, y mucha práctica… con la práctica es con la que varios directores y espectadores no concuerdan. Porque. Hay algunos que creen que la actuación “a la primera” es mejor, o sea, sin repasar mucho el texto o sin mirarlo hasta salir al escenario o cámaras. Actores que practican este método se ligan a las ideas de Lee Strasberg: trabajo de relajación y concentración, dejando fuera las tensiones . Por ejemplo, cuando a un actor o actriz le toca llorar en escena puede generarse llanto por medio de gotas, agua, tocándose los ojos con los dedos, con mentholatum. No por eso le van a creer menos, mientras maneje la intención. De todas formas, se tiene que saber  transmitir esa intención con la va a hablar y cómo va a dirigir la mirada. Qué es lo mejor que tiene para aportar a su personaje. Da un toque más fresco. Es verdad. Pero, tampoco se puede tomar tan a la ligera. Por otro lado, también está la actuación que se practica mucho, tanto con el texto como con el cuerpo. Quien dirigió esta forma de actuación, fue Stanivslasky. Él se basa en la memoria emocional, es decir, que el cuerpo tiene que recordar eventos pasados para poder reflejarlos en escena. Por ejemplo, cuando el actor necesita llorar, vuelve en memoria ,llevando a todo el cuerpo, experiencias en las sufrió mucho. Lo  malo de esta estrategia para actuar es que el actor o actriz puede hacerse mucho daño, por no poder recordar o no poder expresar lo que sintió en ese recuerdo. Puede generar frustración.   La clave está en no aburrirse, ya que, también se puede lograr ese toque fresco con esta forma de actuar. Siempre se tiene que descubrir nuevas cosas para que suene creíble. Si no eres creíble, la gente ya no te ve. Si no te creen dejan de llamarte o de aceptarte en castings. Porque ese es el miedo que tiene un director: la credibilidad en el actor o actriz. No olvidando la comunicación que se maneja con el compañero, si no fuera un monólogo. Porque, sino todo se va al tacho. El texto se vuelve monótono y no pasa nada en escena. No se ven expresiones. No se nota un proceso por dentro. No se nota la química. Pero a las finales depende de los actores. Cada uno escoge la mejor manera de jalar más gente a verlos. De llenar los teatros, las salas de cine, subir el rating. Ellos escogen cuál actuación los hace mejores y cuál llama más la atención a cada director.

 

 

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