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Alejandro Susti. El que canta literatura

“A las 6 de la mañana… la ciudad se levanta… Una fina niebla… una atmósfera encantada… Las beatas se arrastran… Basureros… canillitas y sirvientas… Policías y gallinazos sin plumas…”

Sintetizadores, percusiones, cajón peruano, batería, bajo, teclado, Steel guitar acompañan al cantante. Una letra un poco familiar ¿no? O tal vez lo sea solo para los que hemos leído a Julio Ramón Ribeyro. Aquella fue la canción con la que rinden tributo al cuento del mismo nombre: Los gallinazos sin plumas. Y es que Alejandro Susti, cantante de Actitud Modulada, aparte de compositor, también es profesor de Literatura.

Susti tiene poco más de medio siglo y ha pasado más de la mitad de su vida en la escena musical. Actualmente, cuando no está cantando en alguna de sus bandas, está en la Universidad de Lima.

Normalmente usa pantalones de colores, como rojo y verde, pero oscuros, y camisas remangadas. Posee una melena grisácea de tamaño mediano.

Desde que estaba en el colegio a él ya gustaba la música, escuchaba lo mismo que un adolescente de esa época: The Beatles, The Rolling Stones y Led Zeppelin. Un día, empezó a hacer música con otros chicos como él. <<Ellos tocaban tan mal como yo>>, recuerda Alejandro, con una media sonrisa. Sin embargo, ese grupo de jóvenes tenían un solo sueño: querían hacer su propia música. <<Más que hacer canciones de otros, lo que nos interesaba era componer nuestras propias canciones por muy limitadas que fueran>>.

Entró a la Pontificia Universidad Católica del Perú cuando era muy joven, tenía 16 años, estaba medio perdido y recién después de varios años que se la pasó dando botes de un lado a otro, fue a la escuela de letras y después se decidió por la literatura.

Claro, a él le gustaba escribir, escribía canciones, después de un tiempo comenzó a escribir poemas. Dejó la universidad. Pero le fue imposible vivir de la composición. <<La vida del músico es sumamente dura>>, dice con cierto desdén. Regresó a la universidad, terminó la carrera y empezó a trabajar como profesor en un colegio, pero él seguía componiendo, con la idea de presentarlas al público algún día.

A los 22 años, se juntó con gente que tenía los mismos objetivos: gente que mezclaba música peruana con el rock. Por esas épocas, conoció a Ernesto Samamé, músico de We All Together, luego tocaron juntos en varios locales. <<Yo tocaba con acompañantes, mis músicos no eran estables y así conocí a varios músicos que me ayudaron a desarrollar mi música>>, recuerda Susti.

En 1991, se fue a Estados Unidos, para hacer un doctorado en literatura. Él siguió componiendo, pero no tenía músicos con quienes tocar. Ya en 1999, al volver a Perú, se reencontró con sus viejos amigos, volvió a grabar y conoció a los músicos más jóvenes, como Pedro Suárez- Vértiz y Jorge Madueño.

“Yo he tenido momentos en los que con tan solo caminar por un lugar se me venían ideas a la cabeza, y quería que tomaran forma, porque sentía que si las abandonaba me abandonaba a mí mismo. A pesar de todas las dificultades que haya en el camino, uno debe de seguir porque he visto a varios que lo abandonan y yo siento que es como traicionarse. Vivimos en una sociedad donde no se estimula este estilo de vida. Sufren los pintores, los escritores, los músicos, etc. en este medio, porque no hay muchas puertas que se abran. En el Perú, somos bastante ingratos con los artistas. Hay una ley del artista, que se supone que debe colocarlos en una situación más cómoda en la sociedad, pero eso no es así. Yo no dejo que mis criaturas queden desamparadas, y con criaturas me refiero a ideas, mis proyectos e ilusiones –dice con una fuerte vehemencia- trato de llevarlas a cabo, eso requiere un esfuerzo enorme, yo mismo he producido mis discos y he perdido plata, pero, para mí, la plata es algo secundario, porque he podido sobrevivir gracias a otros medios. Mi recompensa está cuando me dicen que mi canción está paja. La mirada, la forma, ya con eso me siento pagado. Eso es lo que, a mí, me estimula. Que alguien me dé un apretón de manos después de un concierto aunque yo sepa que probablemente esa persona no tenga plata ni para comprar un CD. Es un asunto de identidad. Soy esto y a esto voy. Yo he podido ir tres o cuatro veces a Europa si no hubiera gastado los 10 mil dólares en hacer mis 5 discos, pero he aceptado esto”, sentencia Susti.

Daniel López. Sobre el rock, leyes y otros amores

Actitud Modulada es una banda que recién va a cumplir 3 años de fundación, pero que ya tiene el respeto del público. Y es que convoca a 7 músicos con una gran trayectoria. Entre ellos tenemos al sintetizador Daniel López, quien vive en un acogedor departamento en Magdalena del Mar.

En su sala, hay un gran piano que heredó de su abuelo, y encima hay miles de discos, ya que Daniel es melómano. En lo más alto de esa suerte de altar, se encuentran tres portadas de sus discos favoritos, puestas en cuadros, pertenecen a su banda favorita: King Crimson.  Si levantas un poco más la mirada verás un parche de una batería que está firmado por los tres bateristas de dicha banda.

Ni bien comienza su día se pone un collar gigante que él mismo mandó a hacer, tiene un dije del tamaño de un CD con la portada del disco, de su banda favorita, de 1981, Discipline. <<Es una especie de combinación entre una runa y un mandala, que representa el equilibrio, me lo mandé a hacer hace 15 años y lo uso todo el día y todo el tiempo, es parte de mí>>, cuenta Daniel mientras se toca el pecho.

Es el más joven de todos, está a pocos años de entrar a los 40. El abuelo de Daniel era músico, era marino mercante y conocía a todo el mundo, él tocaba armónica y piano. Cuando Daniel tenía 4 o 5 años, recuerda que su abuelo hacia reuniones en su casa. <<A la casa donde vivíamos, iban los amigos de mi abuelo, que también eran marinos y eran músicos de todo el mundo. Entonces se armaba una especie de reunión mega world music, tocaban blues, jazz, pasillos ecuatorianos, diabladas, foxtrot, música rusa, flok europeo, de acuerdo a los invitados que estuvieran en ese momento, porque hacían Jamming, improvisaciones en vivo>>, cuenta muy emocionado.

El creció rodeado de música. Fue su madre quien le enseñó a tocar piano cuando era niño. Luego se vio motivado a seguir en la música, gracias a su entorno social, el barrio. <<Tenía varios amigos de mi edad a quienes también les gustaba la música e inevitablemente terminé armando mi bandita>>.

Cuando tenía 15 años entró a una banda que se acababa de formar unos meses antes, Kharmina Buranna. <<Queríamos salir, tocar en conciertos. Mi primer concierto fue a los 15, en un bar de barranco que se llamaba Más allá, a la mitad del boulevard. Tocamos para abrir un conjunto de bandas de rock pesado, ahí estaba Maso, una banda muy respetada.

Así empecé, vinieron más conciertos, concursos de rock y sigo hasta ahora>>. Al inicio a su familia no le agradó la idea, pero luego llegaron a un trato: lo apoyaban mientras el terminara una carrera, Derecho.

De todos los músicos de Actitud Modulada, solo 1 no tiene una profesión y es que vivir de la música en el Perú es todo un reto, pero cuando hay amor al arte no existe obstáculo suficiente.