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Giancarlo Paniagua. El estructurador de América

*Perfil hecho en diciembre del 2016*

Giancarlo Paniagua tiene unas ojeras casi tan grandes como sus ojos, un rostro que exhala cansancio y una sonrisa de oreja a oreja que, junto con su gran sentido del humor, le permite sobrellevar el ajetreado ritmo de vida que lleva.

Sentado en una banca, con unos blue jeans, una camisa a cuadros y unas zapatillas azules, descansa un rato frente de la biblioteca, al costado del pabellón E, facultad de Ciencias de la Comunicación, de la Universidad de Lima, de donde se graduó como comunicador. Es sábado y acaba de terminar su turno como jefe de prácticas para el curso “Técnicas Audiovisuales”. De lunes a viernes, el outfit abarca camisas y zapatos de vestir, ya que trabaja en América Televisión.

“Yo empecé desde abajo, cargando cables”, cuenta Giancarlo muy orgulloso, refiriéndose a su trabajo en América, “en parte, fue mejor, porque me permitió conocer a fondo mi trabajo y cómo funciona”. Luego fue escalando. Hasta llegó a editar los openings de diversos programas, como “Carita de Atún” y “Cinescape”. Y así fue conociendo cada una de las áreas de América Televisión donde se pudiera desempeñar de acuerdo al perfil profesional que tenía.

 

De sus 32 años, Giancarlo Paniagua, ha dedicado los últimos 9 ha forjar una carrera en América Televisión. Actualmente es el jefe de emisión y control de calidad de dicho canal. Su trabajo consiste en armar la parrilla de programación y ejecutarla juntando comerciales con promociones y contenido, para poder lograr un equilibrio. Esto, no solo para que se ingresen todas las ventas y las promociones deseadas, sino también para que cada programa tenga una buena performance y logren un buen rating. Él estructura todo los programas.

Lo que más ansia Giancarlo un sábado a las 5 p.m., hora en la que termina de trabajar en la Universidad de Lima, es llegar a su casa para poder descansar, ya que entre sus dos trabajos termina agotado, pero feliz.

Alejandro Susti. El que canta literatura

“A las 6 de la mañana… la ciudad se levanta… Una fina niebla… una atmósfera encantada… Las beatas se arrastran… Basureros… canillitas y sirvientas… Policías y gallinazos sin plumas…”

Sintetizadores, percusiones, cajón peruano, batería, bajo, teclado, Steel guitar acompañan al cantante. Una letra un poco familiar ¿no? O tal vez lo sea solo para los que hemos leído a Julio Ramón Ribeyro. Aquella fue la canción con la que rinden tributo al cuento del mismo nombre: Los gallinazos sin plumas. Y es que Alejandro Susti, cantante de Actitud Modulada, aparte de compositor, también es profesor de Literatura.

Susti tiene poco más de medio siglo y ha pasado más de la mitad de su vida en la escena musical. Actualmente, cuando no está cantando en alguna de sus bandas, está en la Universidad de Lima.

Normalmente usa pantalones de colores, como rojo y verde, pero oscuros, y camisas remangadas. Posee una melena grisácea de tamaño mediano.

Desde que estaba en el colegio a él ya gustaba la música, escuchaba lo mismo que un adolescente de esa época: The Beatles, The Rolling Stones y Led Zeppelin. Un día, empezó a hacer música con otros chicos como él. <<Ellos tocaban tan mal como yo>>, recuerda Alejandro, con una media sonrisa. Sin embargo, ese grupo de jóvenes tenían un solo sueño: querían hacer su propia música. <<Más que hacer canciones de otros, lo que nos interesaba era componer nuestras propias canciones por muy limitadas que fueran>>.

Entró a la Pontificia Universidad Católica del Perú cuando era muy joven, tenía 16 años, estaba medio perdido y recién después de varios años que se la pasó dando botes de un lado a otro, fue a la escuela de letras y después se decidió por la literatura.

Claro, a él le gustaba escribir, escribía canciones, después de un tiempo comenzó a escribir poemas. Dejó la universidad. Pero le fue imposible vivir de la composición. <<La vida del músico es sumamente dura>>, dice con cierto desdén. Regresó a la universidad, terminó la carrera y empezó a trabajar como profesor en un colegio, pero él seguía componiendo, con la idea de presentarlas al público algún día.

A los 22 años, se juntó con gente que tenía los mismos objetivos: gente que mezclaba música peruana con el rock. Por esas épocas, conoció a Ernesto Samamé, músico de We All Together, luego tocaron juntos en varios locales. <<Yo tocaba con acompañantes, mis músicos no eran estables y así conocí a varios músicos que me ayudaron a desarrollar mi música>>, recuerda Susti.

En 1991, se fue a Estados Unidos, para hacer un doctorado en literatura. Él siguió componiendo, pero no tenía músicos con quienes tocar. Ya en 1999, al volver a Perú, se reencontró con sus viejos amigos, volvió a grabar y conoció a los músicos más jóvenes, como Pedro Suárez- Vértiz y Jorge Madueño.

“Yo he tenido momentos en los que con tan solo caminar por un lugar se me venían ideas a la cabeza, y quería que tomaran forma, porque sentía que si las abandonaba me abandonaba a mí mismo. A pesar de todas las dificultades que haya en el camino, uno debe de seguir porque he visto a varios que lo abandonan y yo siento que es como traicionarse. Vivimos en una sociedad donde no se estimula este estilo de vida. Sufren los pintores, los escritores, los músicos, etc. en este medio, porque no hay muchas puertas que se abran. En el Perú, somos bastante ingratos con los artistas. Hay una ley del artista, que se supone que debe colocarlos en una situación más cómoda en la sociedad, pero eso no es así. Yo no dejo que mis criaturas queden desamparadas, y con criaturas me refiero a ideas, mis proyectos e ilusiones –dice con una fuerte vehemencia- trato de llevarlas a cabo, eso requiere un esfuerzo enorme, yo mismo he producido mis discos y he perdido plata, pero, para mí, la plata es algo secundario, porque he podido sobrevivir gracias a otros medios. Mi recompensa está cuando me dicen que mi canción está paja. La mirada, la forma, ya con eso me siento pagado. Eso es lo que, a mí, me estimula. Que alguien me dé un apretón de manos después de un concierto aunque yo sepa que probablemente esa persona no tenga plata ni para comprar un CD. Es un asunto de identidad. Soy esto y a esto voy. Yo he podido ir tres o cuatro veces a Europa si no hubiera gastado los 10 mil dólares en hacer mis 5 discos, pero he aceptado esto”, sentencia Susti.

Daniel López. Sobre el rock, leyes y otros amores

Actitud Modulada es una banda que recién va a cumplir 3 años de fundación, pero que ya tiene el respeto del público. Y es que convoca a 7 músicos con una gran trayectoria. Entre ellos tenemos al sintetizador Daniel López, quien vive en un acogedor departamento en Magdalena del Mar.

En su sala, hay un gran piano que heredó de su abuelo, y encima hay miles de discos, ya que Daniel es melómano. En lo más alto de esa suerte de altar, se encuentran tres portadas de sus discos favoritos, puestas en cuadros, pertenecen a su banda favorita: King Crimson.  Si levantas un poco más la mirada verás un parche de una batería que está firmado por los tres bateristas de dicha banda.

Ni bien comienza su día se pone un collar gigante que él mismo mandó a hacer, tiene un dije del tamaño de un CD con la portada del disco, de su banda favorita, de 1981, Discipline. <<Es una especie de combinación entre una runa y un mandala, que representa el equilibrio, me lo mandé a hacer hace 15 años y lo uso todo el día y todo el tiempo, es parte de mí>>, cuenta Daniel mientras se toca el pecho.

Es el más joven de todos, está a pocos años de entrar a los 40. El abuelo de Daniel era músico, era marino mercante y conocía a todo el mundo, él tocaba armónica y piano. Cuando Daniel tenía 4 o 5 años, recuerda que su abuelo hacia reuniones en su casa. <<A la casa donde vivíamos, iban los amigos de mi abuelo, que también eran marinos y eran músicos de todo el mundo. Entonces se armaba una especie de reunión mega world music, tocaban blues, jazz, pasillos ecuatorianos, diabladas, foxtrot, música rusa, flok europeo, de acuerdo a los invitados que estuvieran en ese momento, porque hacían Jamming, improvisaciones en vivo>>, cuenta muy emocionado.

El creció rodeado de música. Fue su madre quien le enseñó a tocar piano cuando era niño. Luego se vio motivado a seguir en la música, gracias a su entorno social, el barrio. <<Tenía varios amigos de mi edad a quienes también les gustaba la música e inevitablemente terminé armando mi bandita>>.

Cuando tenía 15 años entró a una banda que se acababa de formar unos meses antes, Kharmina Buranna. <<Queríamos salir, tocar en conciertos. Mi primer concierto fue a los 15, en un bar de barranco que se llamaba Más allá, a la mitad del boulevard. Tocamos para abrir un conjunto de bandas de rock pesado, ahí estaba Maso, una banda muy respetada.

Así empecé, vinieron más conciertos, concursos de rock y sigo hasta ahora>>. Al inicio a su familia no le agradó la idea, pero luego llegaron a un trato: lo apoyaban mientras el terminara una carrera, Derecho.

De todos los músicos de Actitud Modulada, solo 1 no tiene una profesión y es que vivir de la música en el Perú es todo un reto, pero cuando hay amor al arte no existe obstáculo suficiente.

Mario Poggi. El psicólogo que se auto-denominó loco

En la escala de héroe a villano ¿Qué tan Poggi se puede ser?

Terminando los 80’s, después de pasar cuatro años en la cárcel por asesinar a un presunto asesino en serie, quien al final resultó inocente, alejado de la psicología luego de su despido de la PIP, Poggi terminó siendo una pseudo-celebridad. En 1991, firmaba autógrafos. En 1997, publicaba su autobiografía. En el 2000, grababa películas de bajo presupuesto sobre su supuesto crimen. En 2006, formó su propio partido político: “Partido LaRe DNI. Si usted tiene DNI, automáticamente es del partido” y desde entonces se burla de la política.  Luego de eso, por muchos años, se dedicó a realizar test de colores, sentado en una banca del Parque Kennedy.

“Señoras y señores, me voy a lanzar a la presidencia de la República del año 2016. Acá está mi banda presidencial –mientras agita una banda bicolor maltrecha- porque yo mismo me hago golpe de Estado. ¡A la mierda! Ollanta, que se vaya a la conchasumadre. De frente se lo digo en su cara pelada, a él y a la Nadine. Primero, voy a cambiar el código penal Romano…”

Era enero del 2015 y Mario Poggi se paraba en la esquina frente a la iglesia del Parque Kennedy para exponer sus propuestas como futuro candidato a la presidencia del Perú.

13 de febrero del 2016. El parque Kennedy está siendo remodelado y aún con todo el ruido, Mario esperaba sentado en el sitio de siempre. Fiel a su estilo, ha decidido mostrar una de sus tantas caras. Hoy, ha escogido llevar un pantalón negro, un saco azul, una camisa blanca y una corbata guinda con lunares morados. Algo ha cambiado. No lleva ni sus tan representativos lentes ni su pipa. Ya no tiene el cabello verde, ahora está blanco grisáceo. Pero como siempre, lleva en sus manos aquel cartel que dice: “Test de color… MARIO POGGI… Descubra su personalidad escondida

Todos los que realizan el test lo hacen solo para hablar un rato con el “Loco de Kennedy”. A Poggi, no le molesta que lo llamen loco, siempre y cuando sea con cariño. Las personas disfrutan mucho de sus payasadas, porque todo le puede faltar a Poggi, menos sentido del humor.

Sin embargo, en ese momento Mario Poggi parecía un enigma. Tenía cara de nada, un semblante totalmente inexpresivo. Un poco vacío por dentro. Perdido.

En un abrir y cerrar de ojos, Mario cambió. Volvió a ser risueño y ocurrente. Se le había acercado una pareja para realizar su famoso test de colores. Él saca una sonrisa de oreja a oreja, se acomoda en el asiento. Mientras le da palmadas en la espalda al chico, invita a la chica a sentarse. Mario estaba listo.

-Oye, ¿qué colores te gustan más? – Mario le da una carta de colores.

Mientras el chico escogía, Poggi iba apuntando en su libreta.

-Ya está, ¡ya! Con esto ya tienes todo. Toda tu personalidad está acá y es bacán– dice Poggi.

-¿Mi personalidad?

-Toda tu personalidad, es como tu ADN. Según esto – Mario se detiene unos segundos para analizar los colores – eres un huevón.

Los chicos comenzaron a reírse y Poggi parecía disfrutarlo.

-Mentira, hombre. ¡Mira! – Señala los colores en su libreta – Acá dice que tú eres un genio. Inteligencia superior o superdotada – le da un apretón de manos- Tu eres un líder innato…

Poggi sigue con su famoso test y al finalizarlo, sus nuevos amigos se van. Queda él, solo. Se quita la máscara. Volvió a tener la cara de nada.

Poco tiempo después, un 26 de febrero del 2016, después de dos paros cardíacos, la llama se apagó. Aunque tal vez hace mucho se había apagado en las sombras de la indiferencia.

Escoge una carta. Ahora memorízala

A veces solo se necesita un poco de magia para sobrevivir.

Por el régimen de Maduro, miles de venezolanos están huyendo de su país y buscando refugio en otros con la esperanza de un futuro mejor. Son muchos los casos de médicos, abogados, psicólogos y demás profesionales que se han visto obligados a vender arepas en las calles para sobrevivir, mientras encuentran un trabajo que se acomode a sus profesiones.

Por otro lado, tenemos a los jóvenes venezolanos que no han tenido estudios superiores, pero que también buscan un forjar un futuro mejor. ¿Incursionarían al negocio de las arepas y se quedarían allí eternamente?

—Yo puedo hacer 50 soles en una hora si me lo propongo —cuenta Edson.

Él es un joven venezolano que por el momento se está refugiando en Perú y sobrevive haciendo trucos de magia en la calle. Tienen 22 años y es consciente de que nunca le ha puesto muchas ganas a los estudios, pero busca un futuro mejor. Tiene amigos en todos lados, sobre todo turistas, gracias a su facilidad para acercarse a las personas. Además de su mazo de cartas a Edson nunca le falta una sonrisa inmensa en el rostro.

—Mira que no todos necesitamos estudios para triunfar. Yo aprendí a hacer magia en Ecuador, ¿sabes? Me acababa de ir de mi país y caí a Ecuador, pero no sabía hacer nada. Ya me estaba quedando sin dinero, había ido con poca plata, pero un día en un parque, así como este — refiriéndose al parque Kennedy — un señor se acercó a hacerme un truco y me dijo que le dé lo que me nazca, pero yo no tenía nada. Entonces me vio y comenzamos a hablar, hasta que le pedí que me enseñara. ¿Para qué quieres aprender?, me dijo. Entonces le expliqué mi situación, ¿sabes?, y me enseño. Aprendí ¡Puf! Ni para qué te cuento, es que yo aprendo rapidísimo. Mi única inversión fue esto, ¿ves?— señalando su mazo de cartas — nada más necesito.

Edson sigue haciendo sus trucos a los turistas en Kennedy. De rato en rato se le acercan serenazgos con la intención de pedirle que se retire, pero él rápidamente les da un apretón de manos y comienza a conversarles. En cuestión de segundos ya tiene más amigos. Y así recorre distintas zonas de Lima, llevando magia por todos lados para poder sobrevivir.

En una Venezuela donde aún nada los libra de Maduro, al menos que la magia los salve de la vida.